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Viejo 31-dic-2006, 04:37
César Espino Barros César Espino Barros esta desconectado
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Fernando Marcet
9:49 am · 9 Octubre 2006

Como férreo defensor de la democracia directa, pero de una democracia directa realista y práctica, me veo impelido a hacer uso del derecho a réplica que me asiste.

Primero decir que del libro de Sartori, que he leído, me gusta especialmente la percepción del Homo-videns, una clase de homo que vendría a sustituir al sapiens de toda la vida, y cuya principal característica vendría a ser, como apunta Jorge, su nula capacidad de abstracción debido al predominio de la imagen en todos los ámbitos de nuestra vida.

Somos lenguaje. Otros dirían que al principio fue el verbo, aunque lo dirían sin demasiada consciencia, pues eso es lo que suele pasar cuando se convierte un texto cualquiera en oración o mantra, que pierde su significado y se convierte él mismo en significante.

En “El mundo feliz”, de Huxley, el partido tipo gran hermano que ostentaba el poder absoluto tenía una secreta ambición. Ir quitando palabras al diccionario hasta que este no tuviera más que unas cuantas entradas básicas e imprescindibles. Eran plenamente conscientes de que si conseguían eliminar el lenguaje de las personas estas dejarían de poder reflexionar sobre las cuestiones, dejarían de preocuparse y se mostrarían mucho más sumisos. Es el lenguaje lo que nos permite reflexionar y pensar. Sin lenguaje simplemente viviríamos el momento, moviéndonos instintivamente únicamente guiados por nuestros cinco sentidos. Tal vez seríamos más felices, desde determinado punto de vista, pero ya no seríamos lo que somos, y desde luego no seríamos homo-sapiens.

Esto es exactamente lo que está sucediendo. Aunque no haya ningún partido tipo gran hermano que nos esté obligando a ello, lo cierto es que la pérdida de vocabulario entre las jóvenes generaciones no se puede negar. Más o menos en la época de Cervantes, cuando no existía la televisión y la transmisión oral era la principal forma de comunicación, la lengua castellana alcanzó su plenitud. En ningún otro momento, ni anterior ni posterior, existieron tantas palabras, tantos vocablos para conceptualizar hasta los matices más insospechados.

Esa inmensa riqueza se ha ido perdiendo, a pesar de los vanos esfuerzos académicos. Sobretodo en los últimos tiempos. Las palabras se han ido quedando por el camino, y cada vez recurrimos más a las mismas coletillas para comunicarnos en multitud de situaciones. Quien sabe, es posible que llegue el día en que todos hablemos los unos con los otros usando un simple “qué fuerte”, cual ladrido o sonido gutural propiamente humano.

Ahora bien. Dice Sartori, y parece defender también Jorge, que en una situación como esta no se puede tener la inconsciencia de introducir democracia directa ninguna. Antes habría que esperar a que hubiera una cantidad suficiente de ciudadanos capaces de reflexionar e interesarse por las cuestiones a votar. No es que yo piense que es una crítica desacertada, al contrario, lo que pasa es que Sartori, como la mayoría de personas que se muestran contrarias a la democracia directa, simplifica el término de una forma exagerada.

Los que defendemos una democracia directa realista y viable no queremos que todos los ciudadanos voten cosntantemente por todo, como los críticos suelen mantener. Lo único que deseamos es introducir dos sencillos mecanismos, como son la Iniciativa Legislativa Popular y el Referéndum Vinculante. I + R. Tampoco pedimos acabar con la democracia representativa, más al contrario, pretendemos enriquecerla, pues pensamos que por sí sola no es suficiente para atender todas las necesidades y problemática de una colectividad grande.

También creemos que la única forma de revertir este proceso de analfabetización al que estamos abocados por el predominio de la imagen, es “obligar” a la ciudadanía a reflexionar sobre las cuestiones, pues es precisamente en la discusión y en el contraste de ideas cuando surge la necesidad de utilizar las palabras. Es decir, las palabras habrán de abarcar un campo de realidad más amplio según nos veamos necesitados a sumergirnos en esa realidad. Pero bueno, este es un aspecto más polémico de la democracia directa, pues se adentra demasiado en ámbitos educativos e incluso morales. Lo importante de la democracia directa no es que nos haga a todos mejores personas o que nos convierta en cervantes andantes, sino que realmente ayudaría a descongestionar la democracia representativa desde un punto de vista puramente práctico...


feliz año nuevo!!!
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