Imagina que vas por la calle y te preguntan ¿Quién es el padre de la Patria?, o ¿En qué ciudad se inició la independencia de México?, o tal vez ¿En qué año fue? En la escuela seguro recordabas esos datos, y te sabías al dedillo los principales personajes insurgentes, pero con el tiempo, el ¡Viva México! se ha convertido sólo en sinónimo de fiesta y tendemos a olvidar lo que pasó en 1810.
Un poco de historia no hace daño
Recordemos que en 1800 México era una colonia española, regida por los reyes de España y representados por el virrey. En ese tiempo imperaba un malestar general, originado principalmente, por la desigualdad social que existía en el país, aunado, con el deseo de ya no pagar impuestos a la corona. Es en esta época que nacen las primeras conspiraciones en contra del virreinato. La idea de independizarse de España, comienza a gestarse.
Un primer movimiento independentista en Valladolid rápidamente es sofocado, lo cual no impide la aparición de nuevos movimientos, siendo el más importante el de Querétaro, organizado por el corregidor Miguel Domínguez, al cual se unieron intelectuales, oficiales y parte del clero. En este grupo participaron activamente la esposa del corregidor, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, Juan Aldama, Abasolo e Ignacio Allende entre otros, siendo este último, quien invitara a Miguel Hidalgo a unirse al grupo.
Teniendo como fecha para el levantamiento en armas el 02 de octubre de 1810, la conspiración fue descubierta. El corregidor se ve obligado a encerrar a su mujer, Doña Josefa, quien se las arregla para enviar una misiva a Allende, pero al no encontrarlo, Aldama recibe la misiva y al saber de que el plan había sido descubierto, se traslada hacia Dolores, donde se reúne con el cura Hidalgo y Allende. Así, la madrugada del 16 de septiembre, Hidalgo llama a misa y al grito de ¡Viva México! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! y ¡Muera el mal gobierno! incita al pueblo a levantarse en armas.
Toma el grupo insurgente sin mucho problema la población de Dolores y se dirigen hacia San Miguel el Grande, (hoy San Miguel Allende) con una columna de 800 hombres, al pasar por el santuario de Atotonilco, Miguel Hidalgo toma un estandarte de la Virgen de Guadalupe, convirtiéndose así, en la bandera de su ejército.
Esta primera parte de la lucha armada por la independencia de México, finaliza con la aprehensión de Hidalgo en las Norias de Acatita de Baján. Junto con Allende, Aldama y Jiménez, son juzgados y condenados a morir fusilados. Tras el fusilamiento, los cuerpos de los caudillos son decapitados, siendo trasladadas las cabezas a la Alhóndiga de Granaditas, donde son expuestas en jaulas y colgadas en las cuatro esquinas del edificio, hasta la victoria del movimiento independiente.